La Bolsa como responsable del caos financiero

agosto 4, 2011

Comprar y vender en mínimos periodos de tiempo y obtener beneficios de ello es algo tan bueno que cuando lo pruebas ya no lo puedes dejar. Esperar a que abra la bolsa de Nueva York para gestionar la venta de unos valores que comprastes la semana pasada y que hoy se espera su máximo valor es buena compañía en el aperitivo. Obtener beneficios mientras comes y volver a casa con la satisfacción de que eres unos cientos de miles de euros más rico que ayer, es sin duda, algo que podríamos calificar tan adictivo como la droga.

La Bolsa no ha existido siempre y el mundo puede vivir sin ella. Los fines de semana, por ejemplo, descansa y no se para el mundo. De lunes a viernes funciona sólo en horario laboral y no hay “bolsa de guardia” donde canjear unos valores urgentemente. Por tanto podemos y debemos vivir sin la Bolsa y los perjuicios que nos aporta. Aclaremos esta afirmación.

Tradicionalmente para generar riqueza, para obtener beneficios, para ser más rico de lo que es uno, la fórmula ha sido siempre la misma durante siglos: fabricar un producto necesario para la sociedad y venderlo a un precio superior al coste de producirlo. Este proceso de producción necesita de recursos como materias primas y mano de obra. A mayor deseo de beneficios hay que multiplicar la producción y para ello demandamos más recursos. Por consiguiente el beneficio está unido claramente al aumento constante de la producción y ésta al mayor empleo de mano de obra. Cuando una sociedad tiene un alto índice de mano de obra vinculada a producción, cuando el desempleo es mínimo, se consigue una alta capacidad de consumo.

Los ingresos que perciben los trabajadores por su trabajo no pueden apalancarse en casa debajo de un colchón o en una caja fuerte en el banco, deben gastarse en productos de consumo, necesarios o no, para que retornen a sus orígenes, a los productores. Este es el motor de la economía: mano de obra productora que pone en circulación productos que ellos mismos consumen. Romper esta tendencia supone parar el motor.

De la forma que hemos descrito el ritmo de obtención de beneficios es lento: supone crear una fábrica, contratar mano de obra, adquirir materias primas, fabricar, distribuir, gestionar y repartir beneficios. En definitiva ciclos económicos completos, años, para obtener unos cientos de miles de euros de beneficio.

El ser humano es avaricioso por naturaleza y ésta característica quizás sea lo que mueva el mundo. Queremos más y más cada día y en ésta vida, la que vivimos. Comprar un barco de 3 millones de euros y obtener este importe a partir del modelo explicado, fabricando y vendiendo productos, es muy lento y no sirve. Queremos crear beneficios rápidamente sin tener que pasar por el ciclo productivo tradicional.

Cuando nuestra empresa desea expandirse necesita capital y para ello vendemos acciones. Conseguir colocar dichas acciones en el mercado supone un ejercicio económico puesto que no es fácil encontrar compradores. Entonces creamos La Bolsa como medio rápido para que las empresas puedan colocar sus acciones, adquirir rápidamente el capital extra que necesitan para su expansión, completarla y generar beneficios.

Pero sucede un hecho imprevisto que rompe el equilibrio económico tradicional de beneficios obtenidos a partir de ciclos productivos: en Bolsa puedes ganar dinero simplemente vendiendo tus acciones a otros interesados, a un precio ligeramente superior al que lo compraste, y ello invirtiendo poco tiempo.

Igual que el río fluye por el sitio menos complicado, la tendencia de obtener beneficios de la forma más fácil se torna como la realidad que nos ocupa: ya no queremos producir porque no lo necesitamos. Si no producimos no contratamos mano de obra y ésta no tiene capacidad de consumir y adquirir productos. El equilibrio económico se tambalea y la población se aparta del pleno empleo. Por el contrario, La Bolsa, permite crear rápidos beneficios que no retornan a la producción sino que se destinan a adquirir bienes de alto precio como casas de lujo, yates, donde se apalanca el beneficio.

Se crean grandes fortunas que apoyan su riqueza básicamente en el movimiento de sus activos en bolsa, obras de arte, inmovilizados de lujo, y en menor grado la propiedad de medios productivos. El equilibrio se tambalea cada vez más y el mar económico ya no está en calma. Grandes olas sacuden nuestras costas económicas provocadas por caídas y alzas de la bolsa. Si bien disfrutamos de periodos de calma también es cierto que cada vez más nos azotan tormentan económicas.

La Bolsa mueve cada vez más activos que cambian de manos en menos tiempo generando beneficios o pérdidas muy rápidas. Estos altibajos de La Bolsa parecen olas que acechan nuestra economía cada vez más inestable. Muchas razones podrán esgrimirse para afirmar lo contrario pero lo cierto es que el objetivo por el que La Bolsa fue creada no es el mismo que la mantiene ahora.

¿No creen que podemos vivir sin La Bolsa sabiendo que la cierran cuando cae demasiado?

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